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Isoflavonas De Soja Y Otras Plantas Aliadas Del Bienestar Femenino Después De Los 50

Sofocos, noches en las que cuesta descansar, cambios de humor, una sensación diferente en el cuerpo… La menopausia no se vive igual en todas las mujeres. Algunas apenas notan cambios y otras atraviesan una etapa bastante más incómoda.

Es precisamente en esos años cuando muchas empiezan a interesarse por las isoflavonas de soja para la menopausia, el trébol rojo, el lino y otros ingredientes de origen vegetal que aparecen con frecuencia en infusiones y complementos alimenticios.

Pero que algo sea natural no significa automáticamente que funcione, que sea apropiado para todo el mundo o que pueda tomarse sin precauciones.

Por eso merece la pena separar expectativas y realidad: veremos qué son las isoflavonas, qué sabemos sobre ellas, qué otras plantas se utilizan durante esta etapa y, sobre todo, cómo integrarlas dentro de una visión mucho más amplia del bienestar femenino después de los 50.

Qué cambia durante la menopausia

La menopausia forma parte del proceso natural de envejecimiento femenino y se produce cuando cesan definitivamente las menstruaciones como consecuencia de la pérdida de la función folicular ovárica. Habitualmente ocurre entre los 45 y los 55 años.

Antes puede existir un periodo de transición, conocido como perimenopausia, durante el cual los ciclos y los niveles hormonales van cambiando.

Y esos cambios no se limitan a la menstruación.

Pueden aparecer sofocos, sudores nocturnos, alteraciones del sueño, cambios de humor o sequedad vaginal, aunque la intensidad y combinación de síntomas varían enormemente de una mujer a otra.

También es una etapa en la que merece la pena prestar más atención al músculo, los huesos y la movilidad diaria.

No porque cumplir 50 años implique necesariamente empezar a encontrarse peor, sino porque mantener la fuerza, una alimentación adecuada y una vida activa cobra cada vez más importancia con el paso de los años.

Qué son las isoflavonas de soja

Las isoflavonas son compuestos vegetales pertenecientes al grupo de los llamados fitoestrógenos.

Se encuentran especialmente en la soja y tienen una estructura química con ciertas semejanzas con los estrógenos humanos. Precisamente por esa característica han suscitado interés en relación con la menopausia.

Entre las principales isoflavonas de la soja se encuentran compuestos como la genisteína y la daidzeína.

Eso no significa, sin embargo, que una isoflavona sea “un estrógeno vegetal” que actúe exactamente igual que una hormona producida por el organismo.

La comparación es útil para entender por qué se investigan, pero simplificar demasiado su funcionamiento puede crear expectativas equivocadas.

Isoflavonas de soja y menopausia: ¿realmente funcionan?

Aquí conviene responder sin rodeos: la evidencia no permite hablar de un efecto espectacular ni universal.

El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de Estados Unidos (NCCIH) señala que los suplementos de isoflavonas de soja o la proteína de soja pueden ayudar a reducir modestamente la frecuencia y la intensidad de los sofocos, aunque los resultados de los estudios no son completamente consistentes.

Es una diferencia importante.

“Pueden ayudar algo” no significa “eliminan los sofocos”.

Además, la respuesta individual puede variar considerablemente. Dos mujeres de la misma edad que consumen un producto similar no tienen por qué percibir el mismo efecto.

Por eso las isoflavonas tienen más sentido como una posible herramienta dentro de un enfoque de bienestar que como una solución aislada sobre la que depositar todas las expectativas.

¿Por qué algunas mujeres parecen responder mejor que otras?

Una parte de la explicación podría encontrarse en cómo cada organismo metaboliza determinados compuestos de la soja.

La daidzeína, una de sus isoflavonas, puede ser transformada por algunas bacterias intestinales en un metabolito llamado equol. No todas las personas poseen una microbiota capaz de producirlo en cantidades relevantes.

Esta variabilidad es una de las razones que se investigan para comprender por qué los efectos de la soja no parecen idénticos en todas las mujeres.

No obstante, saber si una persona produce o no equol no permite por sí solo predecir con certeza cómo responderá a unas isoflavonas. Sigue siendo un campo de investigación y no conviene convertirlo en una explicación para cualquier resultado.

Soja como alimento o isoflavonas en complemento: no es exactamente lo mismo

Cuando hablamos de soja podemos estar refiriéndonos a alimentos como:

  • tofu;
  • tempeh;
  • bebida de soja;
  • edamame;
  • soja cocida;
  • o productos que contienen proteína de soja.

Y podemos estar hablando, en cambio, de un extracto concentrado de isoflavonas en un complemento alimenticio.

No son situaciones equivalentes.

Un alimento forma parte de la dieta y aporta distintos nutrientes. Un complemento concentra determinados componentes en unas cantidades concretas.

El NCCIH recuerda que los efectos pueden variar según el tipo de producto de soja estudiado y según la población.

Por eso no resulta prudente trasladar automáticamente los resultados obtenidos con alimentos de soja a cualquier suplemento de isoflavonas, o al revés.

¿Son seguras las isoflavonas después de la menopausia?

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) revisó específicamente la seguridad de las isoflavonas aisladas en suplementos destinados a mujeres peri y posmenopáusicas.

En los estudios evaluados, EFSA no encontró indicios de efectos perjudiciales sobre la glándula mamaria, el útero o la tiroides en mujeres posmenopáusicas para las dosis y periodos de consumo estudiados. Sin embargo, la propia autoridad subrayó que sus conclusiones estaban limitadas a esas dosis y duraciones, que iban aproximadamente desde tres meses hasta algo menos de un año.

Además, EFSA indicó que no disponía de datos suficientes para evaluar determinados grupos, entre ellos mujeres con antecedentes personales o familiares de cáncer.

Es un buen ejemplo de por qué “no se ha observado daño en determinadas condiciones” y “es adecuado para cualquier mujer durante cualquier periodo de tiempo” son afirmaciones muy distintas.

Cuando merece la pena consultar antes de tomar isoflavonas

Aunque puedan adquirirse como complementos alimenticios, hay circunstancias en las que conviene comentarlo previamente con el médico, farmacéutico u otro profesional sanitario que conozca el historial personal.

Especialmente si:

  • se toman medicamentos de forma habitual;
  • existen antecedentes de problemas sensibles a hormonas;
  • se está siguiendo algún tratamiento específico;
  • existe alergia a la soja;
  • o se quieren combinar varios complementos a la vez.

El NCCIH recomienda comunicar a los profesionales sanitarios el uso de soja y otros productos vegetales cuando se toman medicamentos, ya que algunos preparados pueden presentar interacciones.

Natural y libre de interacciones no son sinónimos.

Otras plantas que suelen relacionarse con la menopausia

La soja es probablemente uno de los ingredientes vegetales más conocidos en esta etapa, pero está lejos de ser el único.

En herbolarios, farmacias y complementos destinados a mujeres maduras aparecen con frecuencia otras plantas.

La cuestión interesante no es cuántas existen, sino qué respaldo tiene cada una.

Trébol rojo: otra fuente natural de isoflavonas

El trébol rojo contiene también isoflavonas y, por ese motivo, suele aparecer en productos dirigidos a mujeres durante la menopausia.

A primera vista puede parecer una alternativa vegetal similar a la soja.

Sin embargo, los resultados de las investigaciones sobre su efecto en los sofocos han sido inconsistentes y algunos estudios han presentado un riesgo elevado de sesgo. El NCCIH considera que no existen pruebas concluyentes suficientes para atribuirle beneficios claros.

También se ha estudiado su posible relación con la salud ósea y otros aspectos propios de la posmenopausia, pero los resultados tampoco permiten sacar conclusiones firmes.

Esto no significa que ninguna mujer pueda percibir cambios al utilizarlo.

Significa simplemente que la investigación disponible no permite garantizar un resultado.

Lino: interesante como alimento, pero no una solución demostrada para los sofocos

Las semillas de lino contienen lignanos, otro tipo de fitoestrógenos.

Desde el punto de vista nutricional pueden formar parte perfectamente de una alimentación variada. Pero cuando se investiga específicamente su uso para los síntomas menopáusicos, la historia cambia.

Los estudios sobre productos de lino han dado resultados contradictorios y algunos ensayos no han encontrado una diferencia significativa frente a placebo en la reducción de sofocos.

Por tanto, tiene más sentido valorar el lino como un alimento que puede integrarse dentro de la dieta que presentarlo como una respuesta específica a las molestias de la menopausia.

Además, al aumentar el consumo de semillas de lino conviene hacerlo con suficiente líquido, ya que su contenido en fibra puede influir en el tránsito intestinal.

Cimicífuga: una de las plantas más estudiadas, pero también una de las que exige prudencia

La cimicífuga, conocida también como black cohosh o Actaea racemosa, lleva años formando parte de algunos complementos destinados a la menopausia.

Es una de las plantas que más se ha investigado en este contexto.

Una revisión de estudios recogida por el NCCIH encontró resultados potencialmente favorables sobre síntomas menopáusicos generales y sobre los sofocos, aunque siguen existiendo incertidumbres y no hay evidencia suficiente para muchos de sus otros usos.

Aquí, además, la seguridad merece atención.

Se han comunicado casos poco frecuentes de problemas hepáticos en personas que tomaban productos comercializados como cimicífuga, aunque no siempre se ha podido establecer que la planta fuera la responsable. También se han detectado productos mal identificados o con mezclas no declaradas.

Por ello, no es una planta que convenga tomar sin más por el simple hecho de aparecer en un producto “para la menopausia”.

¿Y la onagra?

El aceite de onagra es otro clásico de los estantes dedicados al bienestar femenino.

Su popularidad, sin embargo, supera a la solidez de la evidencia existente para la menopausia.

El NCCIH indica que actualmente no existen pruebas suficientes para concluir que el aceite de onagra resulte útil para los síntomas menopáusicos.

Esto ilustra una regla muy útil a la hora de elegir productos naturales:

la tradición de uso y la evidencia científica son cosas distintas.

Una puede justificar interés; la otra es la que permite saber hasta qué punto ese interés está respaldado.

“Natural” no significa que haya que tomar muchas plantas a la vez

Cuando empiezan los sofocos o cambia el sueño es fácil entrar en una dinámica conocida: probar un producto, después añadir otro y terminar tomando una mezcla de varios extractos sin tener demasiado claro para qué sirve cada uno.

No suele ser la mejor estrategia.

Cuantos más ingredientes se combinan, más complicado resulta saber:

  • cuál se está tomando realmente;
  • en qué cantidad;
  • si está haciendo alguna diferencia;
  • si existe alguna interacción;
  • y qué componente puede estar causando una molestia.

Los productos vegetales pueden producir efectos adversos e interaccionar con medicamentos. Por eso los organismos de salud recomiendan informar sobre su uso a los profesionales sanitarios.

Especialmente después de los 50, cuando no es raro utilizar algún medicamento de forma habitual, esta precaución merece la pena.

Las plantas son solo una parte del bienestar después de los 50

Centrarse únicamente en las isoflavonas puede hacer que pasemos por alto aspectos mucho más importantes.

La menopausia coincide con una etapa en la que merece la pena revisar el conjunto de hábitos diarios.

No para vivir pendiente de cada cambio del cuerpo, sino precisamente para conservar autonomía y bienestar durante muchos años.

Mantener la fuerza muscular

Trabajar la fuerza ayuda a conservar la capacidad necesaria para actividades tan normales como levantarse de una silla, subir escaleras, cargar una bolsa o caminar con seguridad.

No hace falta entrenar como a los 30 ni convertir cada sesión en una prueba de esfuerzo.

Bandas elásticas, pequeñas mancuernas, ejercicios con el propio peso y movimientos bien adaptados pueden formar parte de una rutina progresiva.

La regularidad importa mucho más que hacer sesiones espectaculares de vez en cuando.

No olvidarse de caminar y moverse durante el día

Salir a andar sigue siendo uno de los hábitos más accesibles.

Pero conviene pensar también en el movimiento acumulado: levantarse con frecuencia, hacer pequeñas tareas, utilizar las escaleras cuando sea razonable o evitar pasar buena parte del día sentada.

La movilidad se cuida utilizándola.

Y a menudo son esos pequeños gestos cotidianos los que permiten mantener una vida activa sin sentir que todo depende de “hacer ejercicio”.

Cuidar los huesos también forma parte de la conversación

Después de la menopausia, la salud ósea adquiere especial relevancia.

Las isoflavonas de soja también se han investigado en este ámbito. El NCCIH considera que podrían tener un efecto favorable sobre la densidad ósea en mujeres posmenopáusicas, aunque no toda la evidencia es uniforme.

Esto no convierte a las isoflavonas en sustitutas de las medidas fundamentales para cuidar los huesos.

Una alimentación adecuada, el ejercicio —incluido el trabajo de fuerza— y una valoración profesional cuando existan factores de riesgo siguen formando parte de un planteamiento mucho más completo.

Dormir bien merece tanta atención como cualquier suplemento

Los cambios en el sueño pueden convertirse en uno de los aspectos que más dan guerra durante la transición menopáusica.

A veces el problema aparece porque los sofocos interrumpen el descanso; otras veces intervienen horarios irregulares, estrés, exceso de pantallas, alcohol, cafeína tardía o simplemente años de malos hábitos acumulados.

Antes de llenar la mesilla de noche de productos, merece la pena revisar lo básico:

mantener horarios razonablemente regulares, preparar un dormitorio fresco, limitar los estimulantes por la tarde y crear una rutina que indique al cuerpo que el día está terminando.

Son medidas sencillas, pero precisamente por eso suelen infravalorarse.

Cómo elegir un complemento con isoflavonas sin comprar a ciegas

Si se decide probar un complemento de isoflavonas de soja para la menopausia, merece la pena dedicar un minuto a la etiqueta.

No todos los productos son iguales.

Conviene comprobar:

Qué cantidad de isoflavonas aporta

No hay que quedarse únicamente con la cantidad total de “extracto de soja”.

Lo realmente útil es conocer cuánto aporta de los componentes que el fabricante identifica como isoflavonas.

Qué otros ingredientes incorporan

Algunos productos contienen una lista bastante larga de plantas, vitaminas y minerales.

Más ingredientes no significan necesariamente un producto mejor.

Una composición comprensible permite saber qué se está tomando y evita duplicidades si ya se utilizan otros complementos.

Cómo debe tomarse

Seguir la dosis indicada importa.

Tomar el doble no garantiza obtener el doble de beneficio y sí puede aumentar la posibilidad de molestias o interacciones.

Quién fabrica el producto

En complementos alimenticios, la trazabilidad y la claridad del etiquetado importan especialmente.

Conviene desconfiar de mensajes que prometan eliminar todos los síntomas, “equilibrar las hormonas” de forma garantizada o conseguir resultados extraordinarios en pocos días.

¿Qué planta es la mejor para la menopausia?

Probablemente esta sea la pregunta que muchas lectoras querrían resolver con una sola frase.

Pero no existe una planta que pueda considerarse la mejor opción para todas las mujeres.

La investigación sobre isoflavonas de soja apunta a un posible efecto modesto sobre los sofocos, pero no uniforme. Con el trébol rojo los resultados son inconsistentes; con el lino no se ha demostrado una reducción clara de los sofocos frente a placebo; y la cimicífuga presenta datos de interés, aunque también incertidumbres y consideraciones de seguridad.

En otras palabras, el panorama es bastante menos rotundo de lo que a veces transmite la publicidad.

Y quizá sea mejor así.

Permite tomar decisiones con expectativas razonables.

Cuando no conviene atribuirlo todo a la menopausia

Llegar a los 50 no convierte cualquier cambio físico en “cosas de la menopausia”.

Un cansancio importante, alteraciones persistentes del sueño, cambios llamativos de peso, sangrados inesperados o cualquier síntoma nuevo que preocupe merece ser valorado individualmente.

La menopausia es una etapa natural, pero eso no significa que haya que acostumbrarse a encontrarse mal ni asumir que cualquier molestia forma parte inevitable de la edad.

Consultar también es cuidarse.

Preguntas frecuentes sobre isoflavonas de soja y menopausia

¿Las isoflavonas de soja son hormonas?

No. Son compuestos vegetales clasificados como fitoestrógenos por presentar algunas semejanzas estructurales y biológicas con los estrógenos, pero no son equivalentes a las hormonas humanas ni actúan exactamente de la misma manera.

¿Las isoflavonas eliminan los sofocos?

No se puede afirmar eso. Algunos estudios encuentran una reducción modesta de la frecuencia o intensidad de los sofocos, pero los resultados no son completamente consistentes.

¿Es mejor tomar soja en alimentos o en cápsulas?

Son opciones diferentes. Los alimentos de soja aportan nutrientes dentro de la dieta, mientras que un complemento puede contener extractos concentrados de isoflavonas. No deben considerarse intercambiables automáticamente.

¿El trébol rojo tiene también isoflavonas?

Sí. El trébol rojo es otra fuente vegetal de isoflavonas, aunque la evidencia sobre su utilidad frente a los sofocos y otros aspectos de la menopausia sigue siendo inconsistente.

¿Se pueden combinar varias plantas para la menopausia?

Que puedan encontrarse juntas en un producto no significa que la combinación sea siempre la mejor opción. Si se toman medicamentos, existen antecedentes relevantes o se quieren combinar varios complementos, conviene comentarlo previamente con un profesional sanitario.

Después de los 50, pensar menos en “el ingrediente milagro” y más en la rutina

Las isoflavonas de soja en la menopausia son interesantes y llevan años investigándose. Existe cierta evidencia de que pueden producir una mejoría modesta de algunos sofocos en determinadas mujeres, pero están lejos de ser una solución universal.

Algo parecido ocurre con buena parte de las plantas asociadas al bienestar femenino: algunas cuentan con investigaciones prometedoras, otras con resultados contradictorios y prácticamente ninguna merece las promesas rotundas que a veces encontramos en Internet.

Después de los 50, probablemente resulte más útil mirar el conjunto.

Comer bien. Mantener la fuerza. Caminar. Cuidar el descanso. Dedicar atención al bienestar óseo y articular. Y, si se decide incorporar un complemento, hacerlo sabiendo que contiene y qué se puede esperar razonablemente de él.

La naturaleza puede formar parte de esa rutina.

Pero el verdadero aliado sigue siendo un cuidado diario bien planteado y mantenido sin prisas.

Francisco Hernández Mir.