Reírse no siempre necesita un motivo brillante, una comedia perfecta o una reunión con amigos. A veces puede empezar de una forma mucho más sencilla: haciendo un gesto un poco absurdo, exagerando una sonrisa o dejándose llevar durante unos minutos.
Eso es, en esencia, lo que buscan muchos ejercicios de terapia de risa en casa: crear un pequeño espacio para soltar tensión, jugar y recuperar algo de ligereza.
Conviene aclarar algo desde el principio. Cuando hablamos aquí de “terapia de risa” lo hacemos en un sentido de bienestar y entretenimiento, no como sustituto de atención psicológica o médica. La investigación sobre intervenciones basadas en la risa resulta prometedora para aspectos como el estrés y el bienestar, aunque los estudios presentan diferencias importantes y todavía se necesita evidencia de mayor calidad. PubMed
Y lo mejor es que no hace falta tener experiencia.
Solo reservar unos minutos y estar dispuesta a sentirse un poco ridícula al principio.
¿Se puede practicar la terapia de risa en casa?
Sí.
Algunas prácticas utilizadas en sesiones de risoterapia o yoga de la risa combinan respiración, movimiento, juego y risa simulada. Lo curioso es que no siempre hace falta empezar riéndose de verdad.
En algunos ejercicios la risa se provoca voluntariamente y, si se practica en compañía, es bastante habitual que termine apareciendo una risa mucho más espontánea.
No hay que hacerlo “bien”.
De hecho, cuanto menos serio te lo tomes, mejor.
1. La sonrisa que va creciendo
Este es probablemente el ejercicio más sencillo para empezar sola.
Siéntate cómoda o permanece de pie y relaja los hombros.
Empieza dibujando una sonrisa muy pequeña. Después hazla un poco más grande. Y otro poco.
Exagérala deliberadamente.
Mantén esa expresión unos segundos y termina acompañándola con un pequeño “ja, ja, ja”.
Puede parecer artificial al principio. Es normal.
Repite varias veces durante uno o dos minutos, sin forzar la mandíbula ni la respiración.
La finalidad no es obligarte a sentirte feliz, sino romper durante un momento la expresión seria que muchas veces mantenemos sin darnos cuenta.
2. La risa sin sonido

Este ejercicio suele funcionar especialmente bien frente a un espejo o con otra persona.
Abre la boca como si estuvieras riéndote a carcajadas, pero sin emitir ningún sonido.
Exagera la expresión.
Mueve ligeramente los hombros.
Después intenta mantener esa “carcajada silenciosa” durante unos segundos.
Lo divertido suele empezar cuando ves tu propia cara o la de la persona que tienes enfrente.
Si aparece una risa real, estupendo.
Y si no aparece, tampoco pasa nada.
La gracia del ejercicio está precisamente en jugar.
3. El saludo más exagerado del mundo
Si estás acompañada, colocaos una frente a la otra.
Ahora imagina que lleváis diez años sin veros.
Saludaos con una alegría completamente desproporcionada:
“¡Pero bueno!”
“¡No me lo puedo creer!”
“¡Mira quién está aquí!”
Puedes acompañarlo de gestos exagerados, siempre que el movimiento resulte cómodo.
Después cambiad los papeles o inventad otra situación absurda.
Este tipo de ejercicio introduce algo especialmente valioso: la conexión con otra persona.
En investigaciones realizadas con adultos mayores, las intervenciones basadas en humor y risa han mostrado resultados interesantes en bienestar, estado de ánimo y soledad, aunque no todos los estudios permiten separar cuánto procede de la risa y cuánto de la propia interacción social. PubMed
Y quizá tampoco haga falta separarlo en la vida cotidiana.
Reír juntas también es estar juntas.

4. El teléfono de las carcajadas
Coge un objeto cualquiera.
El mando de la televisión.
Un cepillo.
Una cuchara de madera.
Ahora imagina que es un teléfono.
“Responde” a la llamada y empieza una conversación en la que únicamente puedes utilizar sonidos de risa:
“Ja, ja…”
“¿Je, je, je?”
“¡Jaaaaa!”
Si hay otra persona contigo, podéis mantener una conversación completa sin pronunciar una sola palabra.
Es difícil conservar la seriedad mucho tiempo.
Si estás sola, puedes hacerlo delante del espejo o incluso inventar las respuestas de tu interlocutor imaginario.
Dos minutos son más que suficientes.
5. La risa que termina en respiración tranquila
Este último ejercicio es más calmado.
Siéntate cómodamente y realiza unas cuantas risas suaves, sin buscar una carcajada intensa.
Después deja que la expresión vuelva poco a poco a la normalidad.
Respira despacio.
Toma aire de forma cómoda y suéltalo sin prisas.
Quédate así durante unos instantes.
Es una manera agradable de terminar porque no convierte la sesión en una competición por ver quién se ríe más.
La idea es justo la contraria: acabar algo más relajada que cuando empezaste.
¿Cuánto tiempo hace falta?
Muy poco.
Puedes elegir dos o tres ejercicios y dedicarles cinco o diez minutos.
No es necesario hacer los cinco cada día.
Tampoco hace falta marcarse un horario rígido.
Puede venir bien una tarde en la que estés algo saturada, durante una reunión familiar o simplemente cuando apetezca hacer algo diferente.
La clave está en que resulte agradable, no en convertirlo en otra obligación.
Sola funciona; acompañada cambia completamente
Practicar estos ejercicios sola tiene una ventaja: desaparece la vergüenza de sentirse observada.
Pero hacerlos con alguien aporta otra cosa.
La risa se contagia.
Una mirada, un gesto fuera de tiempo o intentar mantener una carcajada ficticia puede hacer que las dos acabéis riéndoos de verdad.
Puede practicarse con la pareja, una amiga, una hermana o incluso con los nietos.
Y no es necesario llamarlo “sesión de terapia de risa”.
A veces basta con decir:
“Vamos a hacer una tontería cinco minutos”.
Probablemente funcione mejor.
No hace falta estar alegre para probarlo
También conviene desmontar una idea.
Estos ejercicios no buscan fingir que todo va bien.
Hay días malos, preocupaciones serias y etapas en las que uno simplemente no tiene ganas de reírse.
Eso también forma parte de la vida.
La risa puede ser un pequeño recurso de bienestar, pero no una obligación ni una forma de esconder emociones difíciles.
Si existe tristeza persistente, ansiedad intensa o una situación emocional que está interfiriendo claramente en el día a día, merece la pena buscar ayuda profesional.
La terapia de risa en casa puede acompañar un buen momento.
No tiene que resolverlo todo.
Una excusa sencilla para romper la rutina
Quizá lo más interesante de estos ejercicios sea precisamente que no requieren gran cosa.
Ni material.
Ni experiencia.
Ni estar especialmente en forma.
Solo unos minutos y cierta disposición a hacer el ridículo.
La investigación sobre intervenciones de risa sigue avanzando y algunos estudios recientes encuentran resultados favorables sobre el estrés, aunque los propios autores piden prudencia por la gran variabilidad entre investigaciones. PubMed
Por eso merece la pena quedarse con una idea sencilla.
Reír no es una medicina milagrosa.
Pero puede ser una forma agradable de compartir tiempo, salir de la rutina y recordar que el bienestar también tiene espacio para el juego.
Y quizá esta tarde no haga falta mucho más que una amiga, una cuchara convertida en teléfono y cinco minutos sin tomarse demasiado en serio.
Francisco Hernández Mir.

