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Jengibre Fresco: Cómo Usarlo En Infusiones Y Comidas Diarias Para El Bienestar 60+

Picante, aromático y muy fácil de incorporar a la cocina. El jengibre fresco es uno de esos ingredientes que pueden dar un aire distinto a una infusión, una crema de verduras o un sencillo plato de pescado sin necesidad de complicarse demasiado.

A partir de los 60, cuando muchas personas empiezan a prestar más atención a su alimentación y a sus rutinas de bienestar, puede resultar interesante descubrir nuevas formas de utilizar ingredientes vegetales y especias para hacer los platos más apetecibles.

Eso sí: conviene verlo como lo que es, un alimento que puede formar parte de una dieta variada, y no como un remedio milagroso para las articulaciones, la digestión o cualquier otro problema.

Veamos cómo aprovechar el jengibre fresco en infusiones y comidas de una forma sencilla y agradable.

¿Qué es exactamente el jengibre fresco?

Aunque solemos hablar de “raíz de jengibre”, la parte que utilizamos en cocina es en realidad un rizoma, un tallo subterráneo de la planta Zingiber officinale. Tiene un sabor muy característico: ligeramente cítrico, aromático y con un punto picante.

Se puede encontrar fresco durante prácticamente todo el año en supermercados y fruterías. También existe en polvo, pero no se comporta exactamente igual en la cocina.

El fresco aporta un aroma más vivo y resulta especialmente cómodo para:

  • preparar infusiones;
  • condimentar verduras;
  • añadir a sopas y cremas;
  • aromatizar pescados o carnes;
  • preparar aliños;
  • o dar un toque diferente a determinadas frutas.

Además, permite ajustar fácilmente la intensidad. Para empezar, merece la pena utilizar poca cantidad.

Cómo preparar una infusión de jengibre fresco

Es probablemente una de las formas más sencillas de utilizarlo.

Infusión básica de jengibre.

Para una taza necesitarás:

  • un trocito pequeño de jengibre fresco;
  • unos 200-250 ml de agua;
  • limón, opcional;
  • canela, opcional.

Lava el jengibre y córtalo en varias láminas finas. No es imprescindible pelarlo si está bien lavado, aunque puedes hacerlo si lo prefieres.

Calienta el agua, añade el jengibre y déjalo reposar aproximadamente entre 5 y 10 minutos. Cuanto más tiempo permanezca en el agua, más intenso será el sabor.

Puedes añadir unas gotas de limón o un pequeño trozo de canela.

Si nunca has tomado jengibre, empieza con poca cantidad. Su sabor puede resultar bastante potente al principio.

Tres combinaciones para no tomar siempre la misma infusión

Una de las ventajas del jengibre es que combina con numerosos ingredientes.

Jengibre con limón.

Probablemente sea la opción más conocida. El limón aporta un sabor fresco que equilibra bien el punto picante del jengibre.

No hace falta añadir azúcar. Si se busca suavizar el sabor, utilizar menos jengibre suele ser mejor solución que convertir la infusión en una bebida muy dulce.

Jengibre con manzana y canela.

Puedes añadir a la infusión unas láminas finas de manzana y un pequeño trozo de canela.

Es una combinación especialmente agradable en otoño e invierno y una buena alternativa cuando apetece una bebida caliente diferente.

Jengibre con menta.

Unas hojas de menta o hierbabuena aportan frescor y suavizan bastante el sabor.

También puede dejarse enfriar y tomarse como bebida aromatizada cuando hace calor.

El jengibre también tiene sitio en las comidas

Quedarse únicamente con las infusiones sería desaprovechar una buena parte de sus posibilidades.

En la cocina, una pequeña cantidad de jengibre puede ayudar a potenciar el sabor de alimentos sencillos sin tener que recurrir siempre a salsas muy saladas o pesadas.

AESAN recomienda que en una alimentación saludable predominen productos frescos y de origen vegetal, reduciendo el consumo de alimentos muy procesados y con grandes cantidades de sal, azúcares añadidos o grasas saturadas.

Dentro de ese tipo de cocina cotidiana, las hierbas y especias pueden convertirse en buenas aliadas para aportar variedad.

5 formas sencillas de usar jengibre fresco en la cocina

1. En una crema de verduras.

Prueba a añadir una pequeña lámina de jengibre cuando prepares una crema de calabaza, zanahoria o calabacín.

Tritúralo junto con el resto de ingredientes.

Empieza con muy poca cantidad: siempre podrás añadir más la próxima vez.

2. Rallado sobre verduras.

Un poco de jengibre recién rallado combina especialmente bien con verduras salteadas.

Puedes utilizarlo junto con ajo, cebolla y un chorrito de aceite de oliva virgen extra para conseguir un plato mucho más aromático.

3. En pescados.

El jengibre combina bien con pescados como salmón, merluza o dorada.

Una idea sencilla es preparar un aliño con:

  • unas gotas de limón;
  • aceite de oliva virgen extra;
  • una pequeña cantidad de jengibre rallado;
  • perejil.

No hace falta utilizar salsas complejas para conseguir sabor.

4. En legumbres y platos de cuchara.

Una cantidad pequeña puede incorporarse a determinadas recetas de lentejas, garbanzos o verduras.

No se trata de convertir un guiso tradicional en otra cosa, sino de experimentar con una pizca hasta encontrar el punto que resulte agradable.

5. En yogur o fruta.

Puede rallarse una cantidad mínima sobre yogur natural acompañado de fruta.

Pera, manzana, naranja y frutos rojos combinan especialmente bien con su aroma.

Aquí la palabra importante es mínima: crudo, el jengibre resulta bastante más intenso de lo que parece.

¿Cuánto jengibre hay que utilizar?

En cocina no es necesario obsesionarse con una cantidad exacta.

Para una infusión o una receta individual, empezar con uno o dos trozos pequeños o una pequeña cantidad rallada permite comprobar cómo sienta y, sobre todo, si gusta.

Utilizar más cantidad no implica obtener automáticamente más beneficios.

De hecho, el jengibre puede provocar en algunas personas molestias abdominales, ardor de estómago, diarrea o irritación de la boca y la garganta.

Si sienta pesado, conviene reducir la cantidad o simplemente prescindir de él.

Jengibre fresco y bienestar articular: conviene poner las expectativas en su sitio

El jengibre aparece con frecuencia en contenidos relacionados con las articulaciones. Sin embargo, aquí merece la pena ser especialmente prudentes.

Se han investigado suplementos de jengibre en relación con diferentes problemas, incluidos algunos relacionados con las articulaciones. No obstante, organismos como el National Center for Complementary and Integrative Health señalan que parte de esa investigación es de baja calidad y que sigue sin estar claro hasta qué punto la suplementación con jengibre resulta beneficiosa para determinadas molestias musculoesqueléticas.

Además, tomar un suplemento concentrado de jengibre no es lo mismo que añadir unas láminas de jengibre fresco a una infusión.

Por eso, dentro de una rutina de bienestar 60+, tiene más sentido plantearlo como un ingrediente que aporta variedad y sabor a una alimentación saludable.

El cuidado de la movilidad depende de un conjunto mucho más amplio de hábitos: mantenerse activa, conservar la fuerza muscular, alimentarse de forma equilibrada, descansar y evitar largos periodos de sedentarismo.

¿Hay que tener alguna precaución con el jengibre?

En las cantidades habituales utilizadas como alimento, muchas personas lo consumen sin problemas. Aun así, “natural” no significa que cualquier cantidad sea apropiada para todo el mundo.

Hay que diferenciar además entre usar jengibre como ingrediente culinario y consumir extractos o suplementos concentrados.

El NCCIH recomienda consultar con un profesional sanitario antes de utilizar jengibre u otros productos herbales cuando se toman medicamentos, ya que algunas plantas pueden interactuar con determinados tratamientos.

Esta precaución cobra especial sentido a partir de los 60, una etapa en la que es más frecuente tomar medicación de manera habitual.

Si existen dudas, lo más sensato es preguntar al médico o farmacéutico antes de empezar a utilizar cantidades elevadas o suplementos de jengibre.

Cómo conservar el jengibre fresco en casa

Para aprovecharlo mejor y evitar desperdicios, conviene comprar una cantidad pequeña.

Busca piezas firmes, sin zonas blandas ni aspecto excesivamente seco.

En casa puede guardarse en el frigorífico, bien protegido de la humedad. También puede cortarse en pequeños trozos y congelarse.

Un truco muy práctico consiste en congelarlo en porciones pequeñas. Después se puede rallar directamente cuando haga falta para una crema, un salteado o una infusión.

Así resulta mucho más fácil tenerlo a mano sin que termine olvidado en el fondo del frigorífico.

Una pequeña forma de dar variedad a la rutina

No necesitamos llenar la despensa de ingredientes exóticos para comer mejor.

A veces basta con aprender a utilizar de otra manera lo que ya tenemos cerca.

Una rodaja de jengibre en una infusión, una pizca rallada en una crema de verduras o un poco en el aliño de un pescado pueden hacer más apetecible una alimentación basada en productos sencillos y variados.

Y ese es probablemente el lugar más razonable que puede ocupar el jengibre fresco dentro de una rutina de bienestar: no como ingrediente milagroso, sino como una pequeña herramienta culinaria para seguir disfrutando de una alimentación saludable después de los 60.

Francisco Hernández Mir.